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Los caballos, su respiración, su fuerza. Un hombre y un animal unidos en el mismo acto de avanzar, de transitar. Los movimientos y el ritmo se fusionan con la naturaleza.


 La meta está más allá. Pocas son las experiencias que logran alcanzar un estado de absoluta plenitud. Una buena cabalgata está entre ellas.


Actividades

  • Cabalgatas en la estepa
    Árida y salvaje, con sus oasis de lagunas y manantiales, ésta zona se abre a los visitantes para poder ser recorrida y visitada a caballo. Las cabalgatas, suavemente, ascenderán valles y permitirán apreciar cómo en medio de esta tierra desértica emergen prehistóricos matuastos, veloces choiques, simpáticos piches, variados patos y coloridos flamencos. Las aves acompañarán el andar con vuelos circulares y observando con curiosidad, para ser testigos de un sorpresivo y grato encuentro: aquel que se producirá con los típicos asentamientos de los pobladores y los humildes paisanos esteparios.

  • Cabalgatas en los lagos
    Con su encanto particular y sus contrastes de colores, ésta región de extensos espejos de agua, rodeada de frondosos bosques y numerosos ríos de deshielo, regala en cada paseo una aventura diferente. En medio de picadas y caminos poco poblados y con el marco de los incomparables lagos Moreno, Gutiérrez, Mascardi y Nahuel Huapi, se pueden apreciar los subyugantes panoramas de los cerros más reconocidos de Bariloche. Y como si fuera poco, todo dentro de un ámbito natural privilegiado.

    Resistentes, los caballos y sus jinetes recorrerán senderos y se internarán en imponentes bosques de altos coihues. A lo largo del recorrido se divisarán nativos ñires, impenetrables cañas, bosques de cipreses, notros y lauras, flora típica de esta zona boscosa.

    Contemplando, erguidos sobre la montura, se avanzará a través de los bosques de lengas, a veces silenciosas, a veces crujientes. Junto a este árbol típico de la Patagonia, también es posible observar un sinnúmero de especies de aves: caiquenes, hualas, quetros, macaes. No es raro avistar algún pájaro carpintero, algún Martín Pescador o un huadra. Y quizás, para júbilo y suerte de los más chicos (y de todos) hasta pueden aparecer jabalíes salvajes… 

  • Cabalgatas en la precordillera
    La precordillera es una zona de transición entre las altas cumbres y la vasta estepa. Al paso firme de la manada, entre cañadones rocosos de origen volcánico, los caballos van, zigzaguean en la inmensidad. Sin prisa pero sin pausa. Entre los valles de vegetación rala irán apareciendo los primeros árboles: retorcidos cipreses resistentes al viento, maitenes de frondosa copa y el fuerte chacay.

    En un ámbito de estancias ovejeras y grandes latifundios, los jinetes transitarán las diferentes estaciones del año, cada una adornada con un encanto particular. Una primavera pintada de flores multicolores será lo primero que veremos, como lo hacen los potrillos y los corderos al nacer. En verano el sol transmitirá su calor en esta tierra árida y seca. Más adelante, la época otoñal se caracterizará por sus colores rojos, naranjas y amarillos. Es también la época en la cual el ciervo aparecerá en la brama. Pero el ciclo sigue y el frío de la tierra avanzará para advertir que han comenzado las heladas y el invierno. A caballo, y aprendiendo de las costumbres y tradiciones de los lugareños, es posible ser partícipes privilegiados del milagro del ritmo de la vida, que siempre comienza, una y otra vez.

  • Cabalgata en la Cordillera y zona de los glaciares
    En los valles quebrados y los tupidos bosques, donde el gaucho se hace paso a machete, es posible ser protagonista de una experiencia diferente dentro de un marco único. En glaciares de hielos eternos, destacados sobre un paisaje de cumbres nevadas y caudalosos ríos y cascadas, será cotidiano observar el vuelo de uno o varios cóndores andinos sobrevolando la zona.

    Dentro del bosque, se apreciarán progresivamente ejemplares de lengas, que en épocas otoñales contrastan con sus vivos colores. Más allá, se divisarán paredes de hielo, reflejando sus colores blancos y azules, mientras podrán suceder continuos, estruendosos e imprevisibles desprendimientos de hielo del glaciar. Desde la cima de los cerros, se logrará apreciar la inmensidad del horizonte.

    El verano cordillerano mostrará su encanto en los bosques románticos y sombríos, coronados con cumbres de nieves eternas. El otoño de lengas rojas acortará los días, al volverse paulatinamente más fríos con sus duras heladas.

    En síntesis: una forma de turismo ecuestre que permite experimentar una forma diferente y novedosa de asombrarse (una vez más) en el mismo corazón de la Cordillera de los Andes.

Disponibilidad

Todo el año.

Imágenes

 

 

 

 

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